Santa Teresa de Ávila: su vida, mística y ejemplo

Teresa de Jesus

En su sermón en la ceremonia el Papa Pablo VI la anunció como la primera mujer Doctora de la Iglesia.

Frente a nosotros, es una mujer destacada, una monja, envuelta en la humildad, el arrepentimiento y la sencillez, a su alrededor emana la llama de su vitalidad humana y espiritualidad enérgica; también la consideramos como una reformadora y fundadora de un grupo religioso con una larga trayectoria, un escritor talentoso y fructífero, un mentor de vida espiritual, una contemplación inigualable y un alma activa incansable.

Su vida debe interpretarse según el plan que el Señor tenía para ella, con los grandes deseos que puso en su corazón, con las misteriosas enfermedades que sufrió de joven (y la mala salud que la acompañó durante toda su vida). Ingresó en el Carmelo de la Encarnación de Ávila a los 20 años, tomando el nombre de Teresa de Jesús, huyendo de casa. En parte por las condiciones objetivas del lugar, en parte por dificultades de índole espiritual, luchó antes de llegar a lo que ella llama su “conversión”, a los 39 años. Pero el encuentro con algunos directores espirituales la lanzó a grandes pasos hacia la perfección.

Su juventud se vio asolada por una grave enfermedad, que la mantuvo postrada en la cama durante mucho tiempo. Durante cuatro días estuvo incluso en coma, como si estuviera muerta.

Al cabo de cuatro días volvió a la vida de repente, con la garganta reseca por la sed y con fuertes dolores. Tardó tres años en recuperar la salud, lo que siempre atribuyó a un milagro de San José, que se convirtió en el patrón de la orden por este motivo.

 

La cercanía con Dios

En sus libros, ella analizó y diseccionó las experiencias místicas como lo haría un científico. Ella nunca vio estos regalos como recompensas de Dios, sino la forma en que él la “castigaba”. Cuanto más amor sentía, más difícil era ofender a Dios. Ella dice: “El recuerdo del favor que Dios ha concedido hace más por devolver a una persona a Dios que todos los castigos infernales imaginables“.

Su mayor defecto eran sus amistades. Aunque no pecaba, estaba muy apegada a sus amigos hasta que Dios le dijo: “Ya no quiero que converses con seres humanos, sino con ángeles“. En un instante le dio la libertad que no había podido conseguir con años de esfuerzo. Desde entonces, Dios siempre fue lo primero en su vida.

“Un día se me apareció un ángel, hermoso hasta la saciedad. Vi en su mano una larga lanza en cuyo extremo parecía haber una punta de fuego. Esto pareció golpearme varias veces en el corazón, de modo que penetró en mí. El dolor era tan real que gemí en voz alta varias veces, pero era tan dulce que no podía desear liberarme de él. Ninguna alegría terrenal puede dar tanta satisfacción. Cuando el ángel sacó su lanza, me quedé con un gran amor por Dios”.

 

Teresa no se rindió y siguió trabajando por su sueño: reformar la orden carmelita. Así, tras la hostilidad de los teólogos y de la población, nació el primer monasterio fundado por ella. Por supuesto, fundada en secreto: pero finalmente fue reconocida, y por supuesto dedicada a San José.

Una vez realizado su sueño, Teresa decidió dedicarse a la escritura: escribió su Autobiografía, y después Camino de perfección, un libro de formación espiritual.

Su obra más importante sigue siendo El castillo interior, un texto alegórico y didáctico en el que defiende que Dios está presente en el alma de cada persona.

 

La mística

Su mística, omnipresente en el corazón de sus obras, se basa en la amistad entre Dios y su criatura.

Una de las interpretaciones más consolidadas, basada en la psiquiatría, describe su encuentro divino como también corporal. Lo cual es increíble, considerando que es una mujer del siglo XVI. Sobre todo si se tiene en cuenta que, tras el Concilio de Trento, ¡se prohibió a las mujeres incluso hablar en público sobre religión!

Santa Teresa propuso las virtudes evangélicas como base de toda la vida cristiana y humana. Esta visión incluía la necesidad de desprenderse de los bienes terrenales para abrazar la pobreza, pero también el amor al prójimo, la humildad, la determinación y la esperanza teológica.

De nuevo, Santa Teresa de Ávila profundizó en el tema de la humanidad de Cristo, deteniéndose en que la vida del cristiano debe ser una relación personal con Jesús, basada en el amor y la imitación, y encaminada a la unión con Él. Para ello, La Santa predicaba la necesidad de la meditación de la Pasión y de la Eucaristía. Toda la experiencia humana y religiosa de Santa Teresa fue un esfuerzo hacia esta perfección del amor, esta plenitud de y en Cristo.

 

Los escritos

Los escritos de Teresa están entre los más importantes de la literatura mística. Entre sus obras se encuentran:

  • Autobiografía o el Libro de la Vida 1567
  • Camino de Perfección 1567
  • Meditación sobre los cantares 1567
  • Las Moradas o El Castillo Interior, 1577
  • Conceptos de Amor
  • Poesía (Poesías), entre ellas:

Nada te turbe

 Nada te turbe,

 nada te espante,

 todo se pasa,

 Dios no se muda,

 La paciencia,

 todo lo alcanza,

 Quien a Dios tiene,

 nada le falta.

 Sólo Dios basta.

Ya viene el alba

–Mi gallejo, mira quién llama.

–Ángeles son, que ya viene el alba.

Hame dado un gran zumbido

que parece cantillana.

Mira Bras, que ya es de día,

vamos a ver la zagala.

Mi gallejo, mira quién llama.

–Ángeles son, que ya viene el alba.

¿Es parienta del alcalde,

o quién es esta doncella?

–Ella es hija de Dios Padre,

relumbra, como una estrella.

Mi gallejo, mira quién llama.

–Ángeles son, que ya viene el alba.

 

Santa Teresa de Ávila en la actualidad

Nos gusta pensar en Santa Teresa de Ávila por su profunda actualidad. El 2 de febrero de 2011, durante su audiencia general de los miércoles, el Papa Benedicto XVI dijo de ella:

En nuestra sociedad, a menudo carente de valores espirituales, Santa Teresa nos enseña a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción, nos enseña a sentir realmente esa sed de Dios que existe en lo más profundo de nuestro corazón, ese deseo de ver a Dios, de buscar a Dios, de estar en conversación con él y de ser sus amigos. Esta es la amistad que nos es necesaria a todos y que debemos buscar, día a día, de nuevo. Que el ejemplo de este santo, profundamente contemplativo y eficazmente activo, nos impulse también a nosotros a dedicar el tiempo adecuado cada día a la oración, a esta apertura a Dios, a este viaje para buscar a Dios, para verlo, para encontrar su amistad y, por tanto, la verdadera vida; porque muchos de nosotros deberíamos decir realmente: “No estoy viviendo, no estoy viviendo realmente, porque no estoy viviendo la esencia de mi vida”. Por eso, el tiempo de oración no es un tiempo perdido, es un tiempo en el que se abre el camino de la vida, se abre el camino para aprender de Dios un amor ardiente por Él, por su Iglesia, y una caridad concreta por nuestros hermanos”.

Santa Teresa fue proclamada beata en 1614 y luego santa por el Papa Gregorio XV en 1622. En 1970, Pablo VI la inscribió entre los Doctores de la Iglesia, junto con Catalina de Siena. Se celebra el 15 de octubre, día de su muerte.

 

El ejemplo

Santa Teresa de Ávila sigue hablando hoy gracias a sus escritos, su mensaje y su ejemplo son para todos, como dijo el Papa, “para los que sienten la llamada a la vida religiosa”, pero también “para todos los que desean progresar en el camino de la purificación de toda mundanidad, que conduce a la unión con Dios, a las altas moradas del castillo interior”. “Tenerla como amiga”, dice, “como compañera y guía en nuestro peregrinaje terrenal da seguridad y tranquilidad. El Papa concluyó recordando la gran devoción de Teresa a San José y con un estímulo para seguir profundizando en su mensaje y enseñanza.

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