¿Quién fue San Agustín de Hipona?

San Agustín de Hipona

San Agustín de Hipona, el más grande de los Padres de la Iglesia, nació en Tagaste (Argelia) el día 13 de noviembre de 354. Fue hijo de Santa Mónica y Patricio y se educó en la Fe de su madre.

El día de San Agustín de Hipona, Padre y Doctor de la Iglesia, se celebra el 28 de agosto, que coincide con el día en cual su alma se alzó al Cielo para vivir eternamente.

 

¿Quién fue San Agustín de Hipona?

San Agustín de Hipona fue el primer filósofo importante de la era Cristiana, reconocido especialmente por su insaciable curiosidad y la constante búsqueda de la verdad. San Agustín tiene una personalidad intensa e insondable: es filósofo, teólogo, místico, poeta, orador, polemista, escritor y pastor. Él se siente y se define como “siervo de Cristo y siervo de los siervos de Cristo y aparece frecuentemente representado con el corazón ardiendo de amor por Dios, y Él mismo dice:

“Señor, que todo mi corazón se inflame con amor por ti;
Haz que nada en mí me pertenezca y que no piense en mí;
Que yo queme y sea totalmente consumido en Ti;
Que te ame con todo mi ser, como incendiado por ti”.

 

Vida de San Agustín de Hipona

Aunque en los primeros momentos de su vida San Agustín vivía alejado de los caminos de Dios, la fuerza y el amor con el que su madre rezaba por Él hizo que poco a poco volviera al Cristianismo y avivó su sed de Fe.

Las palabras de la Biblia:

“Andemos decorosamente como en pleno día, no en comilonas ni borracheras, no en fornicaciones ni desenfrenos, no en rivalidades ni envidias, sino revestíos del Señor Jesucristo”  (Rom. 13,13)

dieron a Agustín el empujón que necesitaba para convertirse en un hombre nuevo. Él mismo ilustró esta profunda experiencia de conversión:

“No quise leer más. Al terminar de leer esa frase sentí en mi corazón como una luz de serenidad que disipó todas las tinieblas de mi vacilación”.

(San Agustín)

San Agustín fue bautizado en la Pascua del año 387 por el Santo Obispo Ambrosio, en Milán.

En el año 391 viajó a Hipona para visitar a un amigo. Estando en la Iglesia de la ciudad, los fieles le reconocen, lo aclaman y piden al Obispo Valerio que le haga sacerdote. Cinco años después fue ordenado Obispo, dirigió la diócesis de Hipona durante treinta y cuatro años. Su fama se extendió por todo el Imperio Romano. Su actividad de obispo estuvo en gran parte dirigida a defender la Fe contra diversas herejías, como el maniqueísmo, el donatismo, el pelagianismo, el arrianismo, etc. El Obispo de Hipona se esfuerza por presentar con claridad y la mayor sencillez la Palabra Divina, teniendo en cuenta a sus oyentes y estableciendo con ellos un diálogo de amor y de Fe.

Su búsqueda de Dios fue siempre insaciable. Este anhelo que marcó su vida se encuentra sintetizado en su célebre exclamación:

“Por qué Tú, Señor, no hiciste para ti, nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti” Clic para tuitear

 

Obras destacadas de San Agustín de Hipona

San Agustín de Hipona fue un autor prolífico que dejó una gran cantidad de obras de diferentes temáticas, elaboradas entre el 386 y el 419.

Entre los títulos más relevantes se pueden destacar: las Confesiones, las Retracciones y Ciudad de Dios.

Sus escritos le convierten en uno de los más importantes filósofos de la Antigüedad, especialmente las Confesiones, su obra más famosa. Son, en el sentido bíblico de la palabra confiteor, la alabanza de un alma que admira la obra de Dios dentro de sí misma.

En las Confesiones aparece no sólo el célebre método psicológico de la introspección, que San Agustín fue el primero en cultivar magistralmente, sino también la visión cristiana del neoplatonismo, realizando así por primera vez en forma brillante la fusión de la filosofía griega con el cristianismo; la clara distinción entre el espíritu y la materia. En esta obra, San Agustín escribió acerca de su juventud pecadora y sobre cómo se convirtió al Cristianismo. En ella aparecen algunos de los episodios más importantes de su vida. Es una obra muy valiosa y una importante aportación a la teología.

Otra de sus famosas obras es las Retractaciones, que contiene una revisión de los trabajos de San Agustín. Es una obra que señala las limitaciones de la filosofía pagana y donde se rectifica de sus errores juveniles.

Otra obra destacable de San Agustín de Hipona es La ciudad de Dios. Escrita en 22 libros, fue realizada durante su vejez y a lo largo de quince años.
San Agustín, escribió esta obra para hacer conscientes a los hombres de la lucha humana que se estaba llevando a cabo. La paz y el orden son temas muy tratados en esta obra. Explica el orden como el medio por el cual Dios coloca a cada individuo y cada cosa en su lugar, y así poder alcanzar la Paz y con ella la verdad y Dios. Teológicamente, La ciudad de Dios es un trabajo muy importante según su visión de la historia de la salvación y por haber dado cuerpo a las doctrinas clave del cristianismo como la Creación, el Pecado Original, la Gracia de Dios, la Resurrección, el Cielo y el Infierno.

San Agustín hace hincapié en lo que compone al “hombre” y repite varias veces en sus obras, sobre todo en Ciudad de Dios:

“El hombre no es el cuerpo solo ni el alma sola, sino compuesto de alma y cuerpo”.

Comprendamos que alma y cuerpo van unidos, y que esa unidad compone lo que se entiende como “el hombre”, sin despreciar ni perjudicar una a la otra.

 

Últimos momentos de la vida de San Agustín de Hipona

En los últimos años de su vida, San Agustín asistió a las invasiones en el norte de África por parte de los bárbaros, de las que no escapó Hipona, su ciudad episcopal. Al tercer mes cayó enfermo.

Cuatro años antes de morir, San Agustín quiso nombrar a su sucesor, el sacerdote Heraclio.

San Agustín falleció en Hipona el 28 de agosto de 430, con 75 años de edad. Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia 725, a Pavía, a la Basílica de San Pietro, donde reposa hoy.

 

Conclusiones

Para encontrar la Gracia de Dios, debemos arrepentirnos como San Agustín, buscar el camino de la Fe y seguir a Dios Nuestro Padre todos los días de nuestras vidas. Como dice una de las célebres frases de San Agustín:

“Errar es humano. Perseverar en el error es diabólico” Clic para tuitear
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