¿QUIÉNES SON LOS HERALDOS DEL EVANGELIO?

Heraldos del Evangelio

A lo largo de la Historia se vivieron momentos de extrema dificultad y de clara decadencia moral, que fueron ocasión para que el Espíritu Santo suscitara hombres providenciales, acordes a la necesidad de cada momento. Es así como surgieron las Órdenes Religiosas a través de fundadores, con un carisma propio encaminado a suplir las deficiencias de cada etapa y hacer que la Iglesia creciera en santidad. Pero cierto es también que, ante cualquier movimiento bueno, el maligno enfurece y despliega sus artimañas para acelerar nuestra caída y sumergirnos en el averno, situación bien patente en el mundo de hoy.

 

João Scognamiglio Clá Dias
Plinio Correa de OliveiraDe esa forma fue como en el siglo XX surgió la figura de Plinio Correa de Oliveira (1908-1995), ilustre pensador católico brasileño y hombre rico en virtudes, que tuvo la valentía de navegar contracorriente en una época en que la  falsa modernidad ya había comenzado a hacer estragos en todos los niveles sociales.

Tras el fallecimiento de Plinio Correa de Oliveira, después de convivir 40 años como secretario personal, su discípulo Mons. Juan Scognamiglio Clá Dias funda los Heraldos del Evangelio, entidad que fue reconocida como Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio de manos de San Juan Pablo II, el 22 de febrero de 2001, día de la festividad de la Cátedra de San Pedro.

Heraldos del Evangelio
 
Mons. Juan Clá es poseedor de numerosas titulaciones y ostenta diversos cargos tales como Canónigo Honorario de la Basílica Papal de Santa Maria Maggiore de Roma, Protonotario Apostólico, graduado en Teología por el Centro Universitario Ítalo-Brasilero de San Pablo, licenciado en Humanidades por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de República Dominicana, Maestro en Derecho Canónico del Pontificio Instituto Superior de Derecho Canónico de Río de Janeiro, Doctor en Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma (Angelicum) y Doctor en Teología de la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín.
Sus miembros son laicos de vida consagrada que viven en comunidades, siguiendo los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad, y se dedican a la oración, el estudio y el apostolado. Debido al crecimiento que la congregación fue experimentando, surgieron dos sociedades de vida apostólica: Virgo Flos Carmeli, que agrupa la rama masculina y sacerdotal, y Regina Virginum, que acoge la rama femenina. Estas fueron erigidas por Benedicto XVI a nivel pontificio en el año 2009.
Muchos se preguntarán qué tiene de especial el carisma de los Heraldos del Evangelio. Consiste éste en admirar y comunicar la verdad, la virtud y la belleza de todo lo creado como un reflejo de Dios.  Para que ese propósito se convierta en una realidad, los Heraldos del Evangelio revisten de solemnidad y belleza todos los actos de la vida diaria, así como sus celebraciones litúrgicas, elevando el espíritu y llenando de entusiasmo a quienes son testigos de las mismas. Ello se hace patente de un modo muy claro en la Santa Misa, que celebrada por los Heraldos es un canto a la belleza y a la espiritualidad.
Basílica de Nuestra Señora del Rosario
 
La belleza se plasma de forma sublime en las bellas edificaciones como
esta Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Sao Paulo.
Escudo Heraldos del Evangelio
 
Escudo de los Heraldos del Evangelio
Esa aspiración a la perfección y pulcritud se refleja también en su hábito, y su espiritualidad queda perfectamente resumida en su escudo, que plasma los tres aspectos de la misma:
·      La Eucaristía, fuente de la fuerza que se precisa en toda labor de apostolado y en el camino a la santidad.
·       La devoción a la Santísima Virgen, manifestada en la consagración como esclavos de amor a Jesús por manos de María.
·         La fidelidad al Papa, como forma de expresar su amor por la Santa Iglesia Católica.
Orquesta de los Heraldos del Evangelio en la Colegiata de San Isidro
 
Un heraldo es un mensajero que transmite noticias importantes, por ello, haciendo gala a esa denominación, los Heraldos del Evangelio son transmisores de una esperanzadora y reconfortante Buena Noticia: somos hijos de Dios y herederos del Cielo. Ello les impulsa a manifestar la caridad cristiana a través de una importante labor de evangelización en las diócesis y parroquias, y en su acción social. Destacable es su especial dedicación a la formación de los jóvenes, en un loable intento de evitar que se conviertan en víctimas de los graves problemas morales que asolan la sociedad moderna. Con ese mismo espíritu, imparten catequesis, visitan escuelas, hogares, hospitales, organizan peregrinaciones, misiones marianas, llevando siempre como bandera el amor de Dios, la devoción a la Santísima Virgen, la llamada a la conversión y el consuelo tan necesario para las almas. Esta labor tan hermosa y primordial es desarrollada por los Heraldos del Evangelio en un total de 78 países.
El Papa Benedicto XVI, en su libro “Luz del Mundo”, expresó la importancia de los Heraldos del Evangelio como movimiento católico especialmente dinámico y lleno de entusiasmo que “han reconocido a Cristo como el Hijo de Dios y lo llevan al mundo”. Frente al mal que trata de destruir todo lo bueno, bello y verdadero, los Heraldos del Evangelio surgen para restaurar todos los carismas que fueron abandonados a lo largo de la Historia, realizando un acto de reparación y esforzándose por transformar el mundo en un lugar auténticamente católico, misión que llevan a cabo con gran dedicación y siempre en armonía con la Iglesia. 
Virgen de Fátima
Fue el autor ruso Dostoyevski quien pronunció la frase: “la belleza salvará el mundo”. En ese mismo convencimiento, los Heraldos del Evangelio tratan de acercarnos a Dios a través de la belleza, la verdad y la virtud. Su devoción a la Santísima Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima, sigue la estela de la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort. Este santo francés anunció la llegada del Reino de María, concepto muy ligado al mensaje de Nuestra Señora en Fátima y a su promesa: “Mi Inmaculado Corazón triunfará”. ¡Qué mejor vía para llegar a Dios que la auténtica devoción a la Santísima Virgen! Sólo a través de la conversión de todos los corazones se producirá ese ansiado triunfo.
Impulsados por este anhelo, los Heraldos del Evangelio realizan su apostolado como fieles hijos de la Santa Iglesia Católica, con espíritu de sacrificio, combinando la contemplación con la acción, sin ningún temor a ser perseguidos y con el convencimiento de que la verdadera victoria sólo puede surgir del deseo de perfección y santidad.